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Tuesday, January 02, 2007

Diplomacia en la estepa

1 La carpa

Había acabado de estrenar mi cargo de Secretario de Embajada en Khazarniapvda, pequeña ex república soviética, nacida a la sombra de naciones gigantescas como Ucrania, Belorusia y la propia Rusia. Allí, en algún lugar de la estepa interminable, una pequeña tribu de turcomanes había obtenido del Zar el privilegio de administrar su propio territorio, en agradecimiento por el destacado papel que habían tenido en la guerra de Crimea. A la vera del Dnieperovstri se fundó entonces la capital, Sargoie, una especie de campamento provisorio, un mar de carpas plantadas en círculo alrededor de la Piedra Basulan, un mítico menhir que se supone fue plantado allí por el primer Turcoman, muchas eras atrás. Esa piedra tersa y sin inscripción alguna, de color marfil, se parece a las que afloran acá y allá en la estepa. Sin embargo el pueblo khazar insistió en su carácter único, casi sagrado y junto a ella se realizan desde siempre las ceremonias centrales de la tribu: congresos, declaraciones , tratados, bodas y funerales.
La embajada de mi pais (debo aclarar que soy miembro de la legación de la República de Santa Eulogia, mínimo y vergonzoso país, surgido por la ruptura de Panamá. Es que las minas de permanganato que allí existen excitaron la codicia de cierta Potencia que, entonces, urdió planes secesionistas que al fin de plasmaron en 1907. Todos los eulogianos padecemos de ese complejo de nacimiento, como si fuéramos una especie de traidores. En fin) la embajada, repito, estaba ubicada a escasos metros de la Piedra, en una carpa bellamente decorada con telas bordadas. Debo reconocer que si bien falta intimidad – los sonidos del amor atraviesan las tenues telas y me estremecen noche a noche- tiene su encanto vivir en carpa. Al principio, apenas llegado con mi ego hinchado de orgullo me topé con la sorpresa de que nuestra embajada era una simple carpa, apenas distinta a la de cualquier nómada de la estepa. Pero poco a poco me acostumbré y solo envidiaba la embajada de la Federación Rusa, una imponente estructura de varios pisos que se bamboleaba al viento, pavoneándose como su Presidente, el ex espía de la KBG Georgy Kalarin.
Ustedes se preguntarán qué hace con una representación diplomática en un pais exsoviético casi inexistente, pequeño y olvidado , un país latinoamericano casi inexistente, pequeño y olvidado.
Yo me hacía la misma pregunta. Mi misión secreta era averiguar por qué el Presidente de Santa Eulogia, Lorenzo Espriú del Valle, encabezó en 1948 una misión de buena voluntad a la pequeña República Soviética de Khazarniapvda y estableció a partir de ese viaje relaciones especiales con ese insignificante país estepario.
En 1992, el Presidente Leguizamón estableció formalmente relaciones diplomáticas con Khazarniapvda Libre y hubo sede permanente desde entonces. En 2012, me tocó ese destino, poco envidiado en el escuálido ambiente diplomático de mi país. Santa Eulogia solo tiene sedes permanentes en diez países: ¿por qué uno de ellos era justamente ese casi despoblado paraje ruso?
Poco tiempo tardaría en averiguarlo. Contar esa desventura es el objeto de estos papeles que me sirven para elaborar una comunicación escrita que en carácter secreto y excepcional enviaré a mi Capital, en búsqueda de instrucciones.



2 Ancestros

Pude saber que corre una leyenda incierta en las estepas euroasiáticas. Según ese despropósito, una de las tribus perdidas de Israel inició un largo periplo que atravesó Europa oriental y la Siberia, siguió hasta la costa del Pacífico y encontró un paso helado hacia otro continente, llamado por ellos Eulugia.
Una rama desprendida de la Tribu , mezclada con pobladores locales conformó el núcleo originario de la etnia turcomana. Una gran roca fue incrustada en el duro suelo, para actuar como faro de tierra, como mástil al cual amarrar simbólicamente a esos nómades que hoy estaban en los Urales y mañana quizás a orillas del gran desierto de Gobi.
Ahí termina la cosa. O comienza. Porque hacia 1910 un etnólogo catalán comenzó a urgar en las leyendas de los indígenas del Istmo centroamericano y encontró algunas semejanzas fonéticas entre éstos y ciertos grupos turcomanos: la más evidente era la palabra Eulugia, fácilmente identificable como Eulogia, la santa local de origen indígena que a los apurones, mientras la provincia se desgajaba de Panamá, fue adoptada como emblema y nombre de la nueva nación: Santa Eulogia.
Dicho estudioso catalán, Jordi Espriú , se casó con Ana María Concepción del Pilar del Valle, hija del Ministro de Interior del reciente Estado, con la cual tuvo un hijo: el futuro Presidente Espriú del Valle.
Dicho joven fue iniciado en la ciencia antropológica por su erudito padre, quien en su lecho de muerte, hacia 1938, le encomendó una misión “histórica”, según se dijo: recuperar el contacto con Eurasia, desandar el camino hacia oriente y demostrar los vínculos entre turcomanos e indios americanos, probado en especial por el culto a Eulogia.
Hasta ahí llegó mi indagación. Los hechos más claros eran, pues, la obstinada creencia en algún hilo común entre turcomanos e indígenas centroamericanos, la misión que le encomendó el erudito catalán a su hijo, futuro presidente de Santa Eulogia y los pasos que dio éste para establecer relaciones espaciales con Khazarniapvda.
No podía menos que reírme, para mis adentros ya que la absurda lógica de esta historia no resistía el menor análisis. Pero, al poco tiempo, tuve que tragarme esas ideas. El Embajador mismo me puso al tanto de una increíble verdad: buena parte de la historia de la URSS sería explicada por esta especial conexión entre nosotros los eulogianos y los turcomanos de Khazarniapvda. Pareciera que en 1948 el gran Camarada Stalin aceptó invitar al Presidente Espriú en la esperanza de abrir un poco el juego en el patio trasero de EEUU, la América Central. Años después esa vocación tropical del Kremlin vería coronado un éxito mayúsculo en una isla del Caribe.
Pero en 1948 era totalmente inverosímil que la gran Unión Soviética , recién haciéndose cargo de las nuevas Democracias Populares del Europa del Este, tuviera tiempo, recursos o información como para dedicarse a seducir a un político de un improbable paisito latinoamericano. Alguna Razón de Estado debía mover al camarada Stalin para semejante jugada.



3. URSS

Pude averiguar que en la década del veinte los caudillos de las tribus musulmanas del borde sur de la Gran Rusia habían entablado una feroz guerrilla contra los nuevos Zares Soviéticos, esos satanes antirreligiosos y prepotentes. El asesinato como una de las bellas artes fue practicado allí con devoción: atacantes furtivos secuestraban soldados rusos , los torturaban y sacaban a pasear sus vísceras por las montañas. Niños o mujeres, soldados o civiles rusos todos eran por igual blanco de una furia especial: se los mataba con alegría, como ofrenda al Dios omnipotente que les reservaba el Paraíso a los más valientes.
Esto no tendría nada que ver con la historia si no fuera porque muchos de esos caudillos procedían de la tierra de Khazarniapvda. Allí en el corazón de la turcmenia alentaba desde siempre un espíritu irredento que ni el Zar ni Stalin habían menguado. Moscú necesitaba paz para administrar la Rusia Asiática , y paz quería decir respetar el lugar ancestral del gran Basulán, el menhir, la Piedra: un agujero negro , un punto ínfimo de enorme poder.
Así, décadas de ateismo oficial soviético jamás pudieron mellar la firme convicción religiosa de esos turcomanes. Se toleraban sus ritos a cambio de la garantía de paz asiática. Pero Stalin no olvidaba. Quería algún tipo de castigo especial para esos rebeldes casi salvajes. A pesar de que su nodriza trucomana lo había amamantado cantándole las viejas canciones de la tribu, o quizás por eso, le tenía especial manía a esa gente.
En 1939 se firmó el pacto entre Hitler y Stalín, por el cual ambos se repatrían Polonia como quien comparte un rico queso Camembert, exactamente por la línea del Río Vístula.
Aprovechó entonces Stalin el ataque sorpresivo de Hitler, dos años después del pacto entre ladrones, para cumplir su vieja venganza contra los turcomanos. Se los acusó de connivencia con el enemigo. Fiel a su gélido estilo (se le atribuyen decenas de millones de víctimas políticas, étnicas o de capricho) el Gran Camarada ordenó el 13 de marzo de 1942 el éxodo forzado de los turcomanos hacia la helada Siberia. Un millón o quizás dos, murieron atrapados en el suelo helado, extrañando las cálidas noches del sur. Los que quedaron en el solar agacharon la cabeza y comprendieron la derrota. Nunca más sabrían cómo oponerse a los deseos del Gran Conductor. Lo odiarían en silencio, obstinados pero vencidos.
Terminada la guerra, se habló algo, aquí y allí, de ese crimen étnico. Estaba la Guerra Fría y los intelectuales críticos – digamos Sartre o Merleau Ponty- temían darle pasto a los EEUU, por lo que callaban, cerraban los ojos, olvidaban. Pero Stalin tuvo que dar alguna explicación a su propia gente, incluyendo los Partidos Comunistas del exterior. Incluso el mínimo, tropical, y comido por mosquitos y jejenes, Partido Comunista de Santa Eulogia.



4. Kházaros

Hacia el siglo VII una conversión insólita tuvo lugar en un paraje turcomano: toda la corte Kházara y miles de súbditos adhirieron al judaísmo. Esta regresión, casi un suicidio cultural no tiene hasta hoy día ninguna explicación. Una religión seca y dura, con muchas obligaciones y pocas gratificaciones, perseguida hasta el hartazgo, que no promete nada y que obliga a la dolorosa circuncisión no parece la mejor para atraer a las masas. Sin embargo, milagro, decenas de miles de turcomanes se convirtieron – no existía aun el Islam- y llamaron a su reino a los dispersos judíos de Persia, de Egipto y de Siria.
Esa extraña historia terminó cuatro siglos más tarde. Dicen que los judíos kházaros mezclaron su sangre con los azhkenazim de habla alemana y desaparecieron así. Pero muchos descreen de las desapariciones totales. Hacia 1300 algunos cronistas juran haber hablado con kházaros en Toledo, esa incubadora de pensamiento cristiano, judío e islámico.
Como sea, al fin, el decreto de expulsión de los Muy Católicos Fernando e Isabel provocó un éxodo de judíos hacia las nuevas tierras americanas. Muchos de los tripulantes de Colon o de Pizarro eran, posiblemente viejos turcomanos convertidos al judaísmo en tiempo del reino Kházaro y ahora llevados a la otra punta del mundo. Algunos llegaron, quizá al Istmo y recordaron su viejo idioma, bautizaron alguna maravilla natural con el nombre Eulugius y así introdujeron ese término entre pobladores originarios…de turcmenia, que habían cruzado el Bering diez mil años antes y aun conservaban algún término básico…como eulogius.



5. El hilo conductor

Son leyendas, indemostrables. No puedo alegar a favor o en contra. Pero sospecho que algo debe haber, algo que el etnólogo catalán descubrió y que hizo que hoy yo esté impregnándome de historias asiáticas, creyendo quizás en que las cosas nunca son lo que aparentan.
Mi novia Asiráh insiste en provocar reuniones con los ancianos, los cuales me atiborran de esas historias. La cuentan con brillo en sus ojos, como si al contarlas rozaran siquiera esas hazañas y volvieran a la gloria del viejo reino de Turcmenia o, más atrás, al mismísimo Reino Kházaro.

Al fin, tuve que elaborar mi Informe. En síntesis, mis investigaciones arribaban a las siguientes conclusiones:

Existe una serie de conexiones ocultas entre el poblamiento de América y la migración de las tribus de Israel. Turcmenia quedó en la casa originaria como recordatorio de que allí se inició todo. La misteriosa conversión de las kházaros al judaísmo pudo ser inducida por el viejo componente hebraico de la tribu extraviada.
La expulsión de judios de España tenía como oscuro propósito restablecer la conexión entre las tribus originarias y recuperar las que se habían perdido. Pocos sabían de esa conexión. Stalin, uno de esos elegidos supo todo por su nodriza turcomana, en las largas noches de Georgia. Supo que debería extirpar alguna vez la etnia turcomana si deseaba mandar realmente en la Gran Rusia.
Supo que en el Istmo, en Santa Eulogia había una prueba de la conexión entre turcomanes y americanos indígenas. Intentó controlar la información estableciendo relaciones especiales con Santa Eulogia.
La invasión a Afganistán, décadas después, marcó el comienzo del fin del Imperio comunista. La resistencia afgana, de fuerte contenido religioso, se inspiró en las viejas guerrillas turcomanas de los años veinte, ya que delante tenían nuevamente al mismo enemigo.
No me queda claro el papel de Espriú : ¿estaba el catalán especialmente sensibilizado por los rasgos culturales de las etnias minoritarias, quizás como eco de la situación de Cataluña respecto de la prepotente Castilla?
No lo sé, espero averiguarlo pronto. Mi novia local, la dulce Asiráh juró acompañarme en todas mis investigaciones. La carpa donde vivo la recibe noche a noche y nuestros gemidos se mezclan con los de cientos de parejas que se dedican al amor a esas horas.
No sé si terminaré encontrado la punta de la madeja. Pero el intento bien vale la pena. Me esperan miles de viejas leyendas de la estepa, a cual más inverosímil y mentirosa, pero todas llenas del encanto de lo misterioso, esas sustancia que puebla nuestros sueños y nos hace distintos de los animales que pastan ignorantes ahí en la llanura interminable.

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